sábado, mayo 20, 2006

Segunda sentada por una vivienda digna

Vía indymedia estrecho me llega la convocatoria de la Segunda sentada por una vivienda digna. ¿Qué éxito tendrá? Difícil en Córdoba con la feria de por medio.

Es muy cierto lo que apunta mi estimado colega Luis, la coordinación y la creación de una plataforma es necesaria. Ahora mismo tenemos www.viviendadigna.org, pero ellos no son convocantes de estas sentadas, aunque en muchos sitios les enlacen.

1 comentario:

Luisdo dijo...

Ya que se cita mi opinión en el blog, aprovecho unas líneas para profundizar en la idea sobre “Vivienda Digna” que expone Javi. Convocar una "sentada espontánea" por la vivienda o cualquier otro problema de preocupación social presenta una dificultad a medio plazo: la continuidad de la protesta, esto es, la posibilidad real de acercar la solución al problema.

Como demuestra la propia sentada que tuvo lugar el 14 de mayo, sólo la organización colectiva, la unión de todos los afectados por un problema común, puede visualizar de hecho una injusticia que, aunque es de conocimiento público, no tiene un lugar de prioridad real en los medios de difusión masiva o en los debates parlamentarios, más preocupados por sus ridículas cuotas de poder institucional y el fraccionamiento del mismo en parcelas mayores (Europa) o menores (autonomías).

Sin embargo, el carácter “espontáneo” (DRAE: “1. adj. Voluntario o de propio impulso. 2. adj. Que se produce sin cultivo o sin cuidados del hombre.”) de la convocatoria puede desembocar en efectos no deseados; imaginando escenarios futuros: 1. Abrumado por el éxito de la convocatoria, el gobierno reacciona: el portavoz de turno, ministro de la Vivienda, dice compartir la “preocupación de nuestra ejemplar juventud”, siempre “solidaria” y “reactiva” ante las “injusticias de nuestro mundo”; 2. Los aparatos de información masiva recogen aquiescentes la “emotiva” intervención del portavoz y, a la hora siguiente, todos los teletipos anuncian que “el gobierno pondrá las medidas pertinentes para facilitar el acceso a la vivienda para la juventud trabajadora”. 3. Y como no existe organización real, colectiva y cohesiva, tras esa juventud convocada “espontáneamente”, no hay forma de hacer un seguimiento a esa nueva promesa extraelectoral del gobierno de turno, ni denunciar su posible incumplimiento, ni presionar para su cumplimiento. Lo que queda al final es el regusto de un triunfo informativo por parte del gobierno y el agotamiento de la combatividad juvenil, que llega a la conclusión de que la política es ajena a sus vidas, un estado superior al que, como mucho, se puede llegar mediante una instancia administrativa. El poder popular que esa juventud podría representar se diluye mucho antes de haber comenzado a emerger…

Otro escenario muy diferente nos podemos encontrar si apostamos por una organización sólida que se perpetúe en el tiempo tanto como lo haga el problema (en este caso, el acceso a la vivienda digna); una organización que extrapole y desmiembre analíticamente, que conecte el problema de la vivienda con sus causas reales (especulación en el sector inmobiliario, modelo de habitabilidad urbana, lógica del máximo beneficio en los arrendamientos, proliferación de viviendas vacías, explotación salarial en forma de empleo débil y precario); que aglutine las energías transformadoras de los afectados, que transmute su frustración en potencia, que articule estrategias colectivas para ganar el objetivo; en suma, una organización que haga las veces de Estado Mayor en guerra por una vivienda digna para todos, según el supuesto derecho que nos concede el artículo 47 de la CE*. Toda plataforma, organización o colectivo que se constituya en este sentido, si tiene la orientación adecuada, cumpliría estos preceptos y nos acercaría, un poco más, a la posibilidad de victoria.


(* “Todos los españoles tienen derecho a disfrutar de una vivienda digna y adecuada. Los poderes públicos promoverán las condiciones necesarias y establecerán las normas pertinentes para hacer efectivo este derecho, regulando la utilización del suelo de acuerdo con el interés general para impedir la especulación. La comunidad participará en las plusvalías que genere la acción urbanística de los entes públicos”).