viernes, julio 07, 2006

Recogiendo y tirando recuerdos

Terminé el viernes, y aunque el martes tocó un examen, ya estoy medio de vacaciones en esta carrera de mierda que aún me obliga a volver a Granada dentro de una semana. El viernes llegó Héloïse al piso, desde que la conocí hace meses tenía ganas de poder echar ratos hablando, es de la poca gente que he conocido este año que te atrae y anima a tener una conversación con sentido y que lleve a alguna parte. Poner cosas en común y dudar de otras por lo que te dicen es lo que te hace querer volver a ver a alguien, da igual chico que chica alto que bajo. A Carmen también le ha gustado, así que más puntos para ir a verla a Suiza.

La verdad que llevo un buen rato pensando en el autobús, gracias a las mismas petardas que me han despertado con los bocinazos que pegaban al bajarse.

No sé cómo tanta gente se despide de Granada con nostalgia cuando casi veo estos dos años como tiempo tirado. Simplemente todo es repetir asignaturas pero de forma más difícil, eso nos diferencia de los Ingenieros Técnicos, aunque para mi la diferencia es un cuerpo de amargados, desapasionados, descafeinados, conformistas, egocéntricos... y sobre todo, titulados que ni siquiera se han apasionado por ni un tema de la carrera, a pesar de rondar el 3 y pico de expediente. Si hubiera más trabajo como Ingenieros Topógrafos allí estarían.

Gracias a Heloisa me he acordado de todo lo que hacía antes, cuando antes era sobre todo antes que Granada, y aún más, antes de llegar a la universidad. Todos los grandes viajes de mi vida, muchas de las grandes aventuras han pasado hace tanto que ni recordaba haber estado en Francia, Logroño, Vitoria, cualquier-pueblo-de-cualquier-parte, Irlanda, Escocia... tenía la suerte de tener el dinero, frente a los que no hayan podido, pero ahora no tengo tiempo nunca. La universidad de ingenierías mata y destroza pasiones. Todos los años, aunque no tengas para septiembre, terminas en julio y entre notas y revisiones el verano se recorta. Aún teniendo tiempo durante el año se deja de soñar en qué hacer el verano, sólo pensar en qué no hacer: estudiar y ver a la chusma de indeseables que tengo por compañeros.

¿Me animaré a seguir los pasos de Héloïse? Una mochila y dormir de playa en playa en Italia, viajar a Camboya y ahorrar en la estancia hasta 10$ de una habitación para dos sólo para poder llegar allí... Tengo que sacar fuerzas y arrastrar gente, o terminar por hacer lo de antes: echarme solo a los autobuses para llegar a cualquier parte, a una hora o doce.

Si no hago algo reventaré, terminaré como el resto, olvidando lo que es viajar, conocer a gente, sin más remedio que formar parte de ese conglomerado de gente que compra pisos como locos para ir a una playa de agua sucia. No quiero cambiar lo que he visto y puedo ver por las vacaciones caras, ruidosas que millones de personas repiten por el hecho de amortizar la compra que el subconsciente maldice por lo general.

Ahora termino con otra de esas conclusiones que no nos atrevemos a decir porque entre películas y series la han gastado: echo de menos el peso en la espalda, el sudor que que se seca y da frío al sentarte a comer un bocata cortado con navaja, que la gente te mire como ahora miro yo, diciendo, "ojalá me atreviese a estar ahí sentado sobre la mochila".

¿Os venís?

1 comentario:

Packo dijo...

Pues que quieres que te diga, que tienes razón, muchas veces me siento como Neo en Matrix, refiriéndome a que las vueltas de la vida, los malditos estudios... te enrolan en historias que llegado un momento miras alrededor y no reconoces nada, y lo peor es que no te ves donde estás. No he viajado mucho, tiene que ser magnífico, quizás no he encontrado el momento la manera, pero es una cuenta pendiente.