jueves, agosto 17, 2006

Al la mierda la privacidad, el consumo es libertad

Leo en El País: La UE estudia controlar el iris y las huellas digitales de los pasajeros en los aeropuertos

Entre la retención de datos telefónicos, de internet y lo que no sabemos, nadie escapa al control de los grandes hermanos. Sin embargo, cada una o dos semanas siguen muriendo más gente en accidentes de tráfico en nuestro país que en ataques terroristas:

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¿Para cuándo limitadores de velocidad en los coches?¿Para cuándo la prisión a los que ASESINAN al volante? No pasa un día en el que no tenga que correr porque me quieren atropellar en un paso de cebra o semáforo en verde. El peatón lleva las de perder físicamente y legalmente poco podrá hacer. Miles de personas en cada ciudad conducen pendientes del móvil saltándose las normas de seguridad. Claro, si ponemos limitadores de velocidad estamos entrando en lo personal y sesgando la libertad de cada uno de tal forma que propiciaremos una magnitud de quejas en pro de la libertad a conducir de ese 99% de conductores que no recuerdan aquello de "tu libertad termina donde empieza la del otro".

¿Os imagináis el escándalo? El maldito ZP, le votamos sin leer el programa y ponía lo de los limitadores, ... pase lo de los maricones, pase lo de las células madre, y pase lo de los nacionalistas, el archivo de Salamanca,... pero mi coche que no me lo toquen, además, si corro más es por seguridad. El capitalismo salvaje me ha enseñado a adorarlo y rendirle tributo. Interrumpiendo estas reflexiones del subconsciente de otros estoy yo con el radical pensamiento de que el coche gasta parado, gasta en el garaje, gasta y desgasta el medio ambiente hasta asfixiarnos con sus humos. El coche mata, pero se le perdona, lo dicen en todas partes, las ciudades se organizan en torno a los coches y así nuestras vidas. Mata, mata, mata: ahora con climatizador para no enterarte de que destruyes el mundo, gps para que sepan dónde estás si no estás usando el ordenador y mp3 para que no oigas los gritos de los peatones ni a los pobres en el semáforo.

Los niños no producen beneficios si juegan en la calle, pero si no hay parques ni plazas tendrán que quedarse en casita tirando de enchufe, videojuegos, messenger, películas y televisión de pago para poder ver algún maldito dibujo en la tele. El día que salen a la calle están tan pálidos que necesitan cremas, anti-alérgicos y un móvil a los 9 años, por si les pasa algo.

¿Y qué hay de los padres? Si se empeñan hasta para pagar unos días de vacaciones no podrán revelarse. ¿Quién se apunta a una huelga con varios bancos apuntando a su coche y casa? Todo controlado, de nuevo los banqueros ganan y controlan, y el resto pierde, pero siempre podrán seguir gastando. Los grandes no pierden ni por asomo.

Toda esta reflexión anticapitalista viene al cuento de que me han timado con el destino vodafone y en la oficina de consumidores me han dicho que legalmente se supone que si no nos dan el contrato es el consumidor el que se las averigua navegando por la web de la empresa.

El capitalismo da libertad, libertad al consumidor para que elija, por eso a partir de ahora tendremos que beber esa mierda embotellada de "Bona Aqua", porque podemos elegir. Elegimos, y en la estación de autobuses podemos optar por Bona Aqua 20 céntimos más cara o Bona Aqua de litro, que en proporción también es más cara que Lanjarón. Cualquiera es libre de montar una empresa de agua mineral y tratar de competir contra el agua del grifo de CocaCola. Cualquiera es libre de compra cacharritos eléctricos con vida = 1/2 de la vida del anterior que tuviste, seguro que el libre mercado te da opción de comprar otro móvil/walkman/televisión/tostador/... que dure como el primero. Inténtalo insensato. Somos libres en nuestro mundo feliz (gracias a mi madre por regalarme el libro).

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