miércoles, septiembre 13, 2006

No todo el detergente es antrax

En plena ola de agresiones a mujeres no se me escapa comparar el drama de la violencia de género con el terrorismo y la alarma social y mediática que les siguen. Ya lo hago a menudo con la violencia en la carretera.

Buceando por algunas webs feministas (si, algunos hombres lo hacemos), me encuentro con una entrada de Montserrat Boix, autora de textos tecnológico y feministas que al difundirse pierden la firma, como Hacklabs, de lo digital a lo analógico. El tema va esta vez sobre las barracas (cacharros en las ferias andaluzas) de la Semana Grande de Bilbao.

Resulta que a algún artista de los que pintan las paredes de "La Casa del Terror" se le ocurrió poner sólo a mujeres como torturadas y pasándolas canutas. En varias webs se apunta a clasificar tal decoración como violencia contra las mujeres por las imágenes que se muestran, que vaya espectáculo para los niños, que desde luego...

Pero, al fin y al cabo, no se trata de la noria, sino de la "casa del terror", y si al menos una vez al año nos paseamos por cualquier feria podemos ver que el tema de las torturas y puteamientos es común a/ante/desde/para humanos/extraterrestres/animales en todas las combinaciones posibles, vamos, lo que viene siendo el terror indiscriminado. Tampoco vamos a alabar la inclinación terrorífica del colega del spray, pero, ¿realmente la casa del terror debe moverse a la cuestión de género? Arrastren al porno, la mayor parte de las películas de miedo, etc. y terminemos como con la histeria del terrorismo, disparando alarmas en cuanto aparezca detergente en el equipaje de alguien mientras la esencia del problema sigue quedando sin enfrentamiento. Todos los días seguirán llegando mujeres de verdad con ojos morados de verdad al mercadona, y ninguno de la fila de la compra, ninguna cajera o cajero, nadie le preguntará, nadie se estremecerá dos minutos más allá de que la perdamos de vista. Nadie marcará al maltratador como moro terrorista, o vasco de mierda (véase murmullos de mis vecinos ante las visitas de un colega con una pegatina de la icurriña en el coche).

Se aceptan opiniones.

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